lunes, 17 de junio de 2019

Confiar

Llega a su casa y la acechan los mismos fantasmas.
Se repite ese diálogo monótono sobre la cena, las comida, la verdura. Éso la cansa, la angustia.

Teme que la actividad de los vasos para mañana en la escuela no funcione. ¿Por qué pasaría éso?¿Y si eso pasará, qué haría? Volver a la actividad anterior, hablar sobre el significado de los Himnos. Además supuestamente no tendrá acceso a la sala de música, que se encuentra inhabilitada. Sin embargo, cuando se encuentra en la escuela, los minutos pasan, las actividades se van sucediendo, con fluidéz, o no. En el aula, se le han ocurrido actividades interesantes. El antes la agobia, esta lluvia gris que le pensa en el alma. Las ramas ya no pueden absorver esa agua que no deja de caer.

Necesita un poco de espacio, darse la libertad de probar, que dar clase es la única forma de acceder a la experiencia. El probar y el tener esta preocupación, es dar cuenta que le importa lo que hace dentro del aula.

Necesita espacio libre en su casa. Andar sin preocupaciones. Cuando tuvo ese vacío, hubo un momento que la oprimió.

Confiar en sí misma, que sigue adelante con lo que tiene, aprendiendo y dando lo mejor posible.

Ella podrá contra sus fantasmas, una vez más.

sábado, 15 de junio de 2019

Palabras

Es uno de esos raros días en que no tiene nada para hacer y sin embargo, le gustaría hablar con alguien. Encontrarse con una amiga y tener esas charlas inagotables. Ésa amiga libriana que siempre tiene algo para decir y que juntas creen deseredar.

Uno de esos días en que la radio sería la única compañera, donde la soledad no la llena. La soledad de la casa materna, sin la presencia de su madre que la llena a rebalasar. Varias horas con el sonido de la lluvia detrás de la ventana. Sin poder sacar al a estufa del piloto (la llama más leve y principal) para pasarla a un estado medio y que deje de sentir el frío que entra en la habitación.

Se obliga a escribir porque después de ver un capítulo de su serie favorita, le queda ese sinsabor de que le falta algo a su vidad. En una cultura donde producir es lo demandado, un día de ocio tan fundamental para vivir, siente que debe colmarlo con algo más.

No tiene las ganas de cocinar, hoy siente que comer es un trámite, que sea lo más pasable posible.

Se siente vital, a pesar del día gris y los últimos días de la menstruación que la acompañana.

La lluvia la hace sentir segura, protegida. Ella con su persistencia puede lavar la maldad de la ciudad, ayutendar a los malvados y dejar a los valientes que salen a acompañarla. Como si la lluvia fuera el amparo del cielo sobre nosotros.

¿Reniega de su soledad? No del todo, porque tampoco querría cualquier compañía. Tiene que esperar a la tarde para viajar en tren y econtrarse con otra familia, con el frío perseverante del conurbano. Donde la comida es distina, los roles familiares son los mismos. ¿Las madres se parecen todas entre sí?

Y siente que este mensaje también caerá en el vacío, de que a nadie le interesan sus palabras. Las escribe igual porque es terapéutico y porque la oración anterior la dice su depredador interno. Por más que sea un mensaje envíado al vacío sin destinatarios ardientes de leerlas. Lo importante es dejarlas salir. Son palabras sanadoras, que la hacen sentir menos sola, acompañada con sigo misma.

Porque hay una escritora dentro que le encataría publicar un libro. ¿Hablando de qué? No lo sabe.

Como también la reclama la actriz que hace un tiempo no sale al escenario.

Esas experiencias que la hacen sentir viva, y con son el foco del presente. Transforman en realidad ése lema tan escuchado, de vivir en el aquí y ahora.


martes, 11 de junio de 2019

Naturaleza y ciudad

¿Cómo hace la gente para mantener un trabajo que no le gusta?
¿Por qué no tiene otra alternativa, por necesidad, para tener algo que comer?

¿Aún es posible comer lo que se siembra, tener gallinas, vivir cerca de la naturaleza?
Vivir rodeados de naturaleza es posible.
¿Y lo otro? ¿Tener que llevar al plato porque lo sembraste vos?

Las personas van al trabajo diario porque no se lo plantean cada vez. Pensarlo cada vez es contraproducente. Lo hacen por que lo tienen que hacer y listo. Ella no logra entrar en ésa actitud. Claro, tampoco tiene la necesidad urgente de un alquiler, expensas, servicios que pagar. Bendita sea. Gratitud. Mientras sus padres envejecen y vive.

¿Y cuando ellos no estén? ¿Pensará o pasará a vivir en pareja? ¿Dónde, cómo, de qué manera?
¿O se irá a Córdoba al terreno que tienen sus padres a cosechar su comida y vivir frente al río?
¿Pero sóla? ¿Con sus gallinas? Se imaginó en bicileta yendo a trabajar. ¿Y si enferma?
¿Cómo será la vida en ese pueblo en invierno?

Vivir lejos de la terapia, de acupuntura, de la ciudad.
¿Econtrará la sanación en ese espacio? ¿o sería agotador?
Porque dependería de su fuerza física para cosechar, cultivar y aprender a hacer todo eso.

Sin tener el espacio seguro de la casa materna.

Queda medio año por delante y le parece un montón. Los mortales sienten que los pasos pasan volando, ella no.
 Bel Vaucelles


lunes, 10 de junio de 2019

¿Cómo evitar la paranoia?

¿Ven toda esa energía yendo hacia adentro?
La energía vital retrayéndose al centro del cuerpo, preservándose, mantiendo al corazón cálido.
¿Lo vene en los árboles de esta ciudad de la furia?
Se preserven del afuera mientras continuan viviendo a la interperie.

Ella lo siente en sus venas. No puede cumplir con todas las actividades de su agenda, tampoco quiere. No es que la chispa se apagó, es sólo que el fuego se concentra en lo vital. Se pone en modo ahorro, si la computadora y el celular lo hacen, los humanos también lo necesitamos.

Le duele la garganta levemente, como el recuerdo de algo que sucedió o quiere retornar.
Las manos frías, la cabeza cansada. La pereza adherida a su cuerpo.

¿Será el inconsciente que la quiere preservar del mundo hostil?
Que quiere evitar volver a viajar en el transporte público, teniendo que estar en guardia, alerta,
temiendo el acecho.

¿Hay forma del evitarlo? Fundamental es la actitud, el estar en guardia es inevitable.
Por más que ella viva en un pueblo, rodeada de naturaleza y donde la mayoría de las personas se conocen entre sí, ¿estaría a salvo de lo desconocido?

¿Cómo evitar la paranoia?
Sintió en su cuerpo la oscuridad del peverso. Todo su ser reconoció la intención enferma, oscura, pervesa y hediondo de quien estaba cerca.

Gratitud hacia ella y su evolución interna, la antena de la intución despierta y en sintonía, la fuerza de su preservación y su defensa.

Le queda seguir adelante, salir de su casa, atravesar su miedo, confiar en su sistema de alarma interno, su actitud frente a la vida, la protección del Cielo y su ángel de la guarda. Amén.
Bel Vaucelles




sábado, 8 de junio de 2019

¡Entonces alejate!

       Una amiga estaba hoy sentada en el último asiento del colectivo, ese asiento lateral e individual, los codiciados que están del lado izquierdo de bus. Ella termina de escribir un mensaje en el celular cuando el colectivo frena bruscamente y con su visión periférica ve como un individuo pierde el equilibrio pero no llega a caerse. El individuo se pone de pie a su lado. Ella empiece a sentir que algo no anda bien, incomodad, se le acelera el pulso. El individuo tiene la mano izquierda en el bolsillo y desde allí llega a tocar la campera de ella, específicamente su brazo derecho. ¿Parece inofensivo? No lo es. Pasan los minutos, la incomodidad de ella aumenta, lo mira a él a la cara, ella está alerta, ninguno de los dos usa el celular, pasan los minutos.
 
Ángel de la guarda dulce compañía amparame de noche y de día…
 
      Hasta que ella lo vuelve a mirar a la cara y él finalmente hace contacto visual, desafiándola. Aún sentada le pregunta con voz clara y fuerte: “¡¿te querés sentar?!” él no le responde. Ella continúa “¡entonces alejate!”. Ella de pie reitera: “¡¿te querés sentar?! ¡sentate!” Finalmente él le contesta que no se quiere sentar y ella le dice: “entonces dejame pasar”. Mi amiga se aleja sólo un poco de ese individuo nefasto porque el colectivo va lleno y faltan varias paradas para que llegue a su destino. Sólo silencio se provocó en el bus. Algunos la miraron pero bajaban rápido la vista, su mirada era feroz. No hubo cómplices, sólo testigos de que otro paradigma es posible. Que la palabra dicha con claridad y fuerza, no es locura, es liberación. Porque las lágrimas no son armas suficientes frente a un perverso que usa un pulover verde, verde feminista.

     Una maestra dijo una vez: todos querríamos que en la vida no nos sucedieran eventos dolorosos o incómodos, que no nos pasara nada; ¿si la vida confía en nosotros, cómo no vamos a confiar en ella?

         Este dilema de que con nuestros pensamientos creamos la realidad, y ¿entonces de esa forma podemos evitar todo lo que no nos gusta? ¿y hacer realidad todo lo que sí? La meditación, la evolución de la conciencia interna, la terapia, la acupuntura, la astrología proponen aceptar el presente y a su vez te dan las herramientas para enfrentar lo que la vida te trae.
 
       Este relato le sucedió a mi amiga, a la feminista, a la que se cree fea creeyendo que por eso ninguna persona se aprovechará de ella, a la hermana, a la hija, a la madre, a la abuela, a la tía, a la astróloga, a la ariana, a la conservadora, a la tímida, a la novia, a la sumisa, a la artista, a la distraída, a la mujer, a todas y a ninguna.


¡Que la fuerza de la mujer salvaje,


 el amparo de la Santa Madre y
la protección del Ángel de la Guarda 

nos ayuden y acompañen!
 
Amen, que así sea.



Bel Vaucelles


miércoles, 5 de junio de 2019

Jazmín

Ayer la niña escuchaba la canción de Aladín, Aladino. La versión original cantada por Ricardo Montaner y una rubia desconocida. 
La que dice: "un mundo ideal, un mundo en el que tú y yo podamos decidir cómo vivir, sin nadie que lo impida". Es de las pocas canciones que valoro más la letra en castellano que en inglés. En inglés, la traducción literarl sería "un mundo enteramente nuevo". Que hace pensar más en el materialismo, en tirar el mundo actual al tacho y reemplazarlo por uno nuevo, como si lo pudieras comprar en un local ouna tienda.

La niña tuvo el audio libro de la película Aladino, era fascinante tener en un caset  todas las canciones de la película junto con la voz de un narrador que leí las páginas del libro hasta que llegaban las canciones. 

Ayer, a la adulta, se le caían las lágrimas mientras escuchaba la canción. No lloraba por el amor romántico, esas lágrimas caídas años atrás por no encontrar una pareja dulce que la acompañe. 

¿Por qué lloraba? Y otra vez la respuesta es la misma: por lo que simbolisa esa canción para ella. Simboliza la magia, que sólo se necesita de un genio para que tus sueños se hagan realidad, que el mundo es un lugar maraviloso. 

¿Será que es culpable de Disney? Que nos hizo creer en esa película a través de escenarios divinos y finales felices. 

Sin embargo, la película tiene una moraleja que considero poderosa: Aldin no es fiel a su esencia y eso, lo hace infeliz y lo aleja de la persona amada. La riqueza y el estatus no es lo que Jazmín ama de él, si no, su alfombra mágica... No, tampoco. Lo que Jazmín ama de Aladino es su persona, su ser y que él le brinda una sensación de libertad que encerrada en el palacio no tiene. 

Seguramente hay alguna lectura patriarcal para hacer, que hay que criticar. La niñadulta irá el domingo a ver la película nueva Aladino y le contará qué le pareció.

Otra de las películas favoritas de la niña es Pocahontas, y la canción "Colores en el viento", le parece maravillosa. ¡Además lo admirable de esa película es que el final no es feliz! Bueno no es feliz en el sentido de que la resolución no es que Pocahontas y el rubio se casan y viven felices para siempre. Tal vez, lo simbólico es que el rubio recibe una bala que iba para el padre de Pocahontas y se va herido en el barco devuelta a su patria. Lo dramático es que se enamoran y no pueden estar juntos. Pocahontas debe quedarse en el lugar que le corresponde por nacimiento. En fin, hay bastante para analizar.

Otro símbolo fabuloso de la película es que la abuela de Pocahontas sea un árbol. 

Las huellas profundas que dejan las películas de la infancia, raíces poderosas que tienen tanto para decirnos de nosotros mismos y dela sociedad de la que vienen.
Bel Vaucelles.
Imagen relacionada
Ese balcón me remite al de Julieta y Romeo...

domingo, 2 de junio de 2019

Poderoso y vital

Desde el viernes tengo un poco de fiebre, hoy domingo sigo manteniendo ese estado gripal
El viernes cuando me levanté, pensé que estaba exagerando, creía que haciendo reposo el viernes ya sería suficiente para recuperarme. Pero no fue así.

Por éso, pienso que tal vez, escribiendo pueda hacer catárisis para curar mi cuerpo.

Siento mi sensibilidad a flor de piel, es agotador. Siento un gran peso sobre mi espalda. Como si todo lo hiciera mal, o no lo suficientemen bien. Ser hija, ser pareja, ser maestra. La vida se aprende viviéndola, experimentándo, no nacemos sabiendo... todos clishes, que hoy percibo vacíos, cuando en realidad tienen un peso, son un sostén, ¿un alivio?

Necesito la soledad, para evitar todo lo que el afuera repercute en mi persona. Como la ciudad me golpea en el corazón y lo parte en pedazos. Cuando creo que estoy a salvo entre los brazos de mi amante, mi pareja, me equivoco y devuelta siento que tengo que contener las lágrimas. Porque dije una palabra demás que lo molestó y mi piel tráslucida se rompe. 
Aunque me ponga un piloto de plástico, no logro que las agresiones me resbalen. Tengo el corazón en la mano, y las dificultades aparecen. Querer vivir sin que nada me afecte aplicando el aislamiento, no es una forma sana de vivir. ¿La flor de invernadero es igual de bella que la flor salvaje? 
Me dijeron que esta frase me puede ser útil: percibo pero no me afecta. Me resulta una contradacción aunque es una estrategia para ser empática pero sin querer resolver todo a mi alrededor. 

El silencio de la naturaleza me atrae, la paz con la que las plantas atraviesan el otoño. Esa quietud, donde su energía vital se va hacia el centro de su tallo, la percibo mágica y poderosa. Observo la diferencia vital de las plantas de mi jardín en cada temporada. La lavanda invita siempre a la abeja, que escudriña cada flor.

Siento que las personas me dan alergia, que todo me afecta hondamente. Cuanto se parece alergia a alegría, solo un acento y una r las diferencia.

El cuerpo febril me obligó al descanso, el buceo interno. Los pensamientos enfermos de boicot, control asfixiante y el resposo obligado, el sueño reparador.

Mi ciudad es cada vez más gris, mis ojos se llenan de lágrima, los políticos poderoso y avaros no trabajan para las necesidades del pueblo.

¿Qué nos queda? Creer como decía Galeano, el escritor uruguayo: "mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo". Ojalá que así sea. 

Mi profesión docente confía en que dejo una semilla amorosa y esperanzadora en la vida de los niños que conozco, porque la tarea de por sí es ardua y a veces, cada tanto vislumbro momentos mágicos que me gratifican.
Mi vocación de artista se encandila con la belleza, se emociona hasta las lágrimas con una película o con una canción, se me desborda el corazón. A veces no sé qué hacer con tanta emocionalidad. ¿Habrá que hacer algo? o simplemente ser para que todo me atraviese y siga de largo.

Es tan alto el nivel de aprobación que necesito de mi entorno, que me siento un barco constantemente movido por los vientos y el oleaje externo. Necesito dejar el ancla en un puerto amable y cálido. Sentir el sostén de la tierra y la arena amable bajo mis pies. 

Mientras se acerca el invierno, hay que dejar ir patrones viejos y dañinos, evitar la fuga de energía y concentrarla en mi núcleo poderoso y vital.

La contradicción de que todo es cíclico y nada permanece, excepto el cambio constante. En mi crecimiento espiritual cambio continuamente, ¿entonces que permanece en mí? ¿mi alma, mi espíritu? ¿ese espacio infinito del tercer ojo?

Mientras tanto hay que flotar para seguir adelante. Buena suerte navegantes, estamos acompañados.
Bel Vaucelles





lunes, 6 de mayo de 2019

La mirada patriarcal

El agua y la tierra.
Juntas crean el lodo, terreno pantanoso.
Se mezclan generando una nueva identidad. 
Esencias propias que se pierden o mezclan.

A cada rato se me anda quebrando el corazón.
De esa grieta salen lágrimas a raudales.
No salen con una sonrisa en los labios por más que sean producto de la alegría.
Salen de mi cara acongojada y contraída, trantado de esconderlas sin lograrlo.

Porque cuando las lágrimas salen con fuerza no hay posibilidad de frenarlas. Querer contenerlas es un grave error, que nos traerá algún dolor físico reflejo instrínseco del dolor emocional.

Siento mi pecho, siento el peso de mi corazón abierto a la vida.
Mi emocionalidad está a flor de piel. A veces se me hace díficil viviendo en una ciudad tan hóstil como Buenos Aires.

La mirada masculina.

Trato de ser criptica cuando escribo. Hoy no puedo.

Hoy fui al aeropuerto internacional a buscar a mi hermano. Quien ha estado fuera del país por un año y dos meses. No respondió mis mensajes de watsap y a veces, respondió mis mensajes de facebook. Le pedí su dirección para enviarle una postal y no me la dió porque estaba por mudarse. Llama a mis padres por watsap cada dos o tres semanas. No usa la video llamda, sólo escucho su voz a la distancia.

En el aeropuerto cuando lo vi, me quebré. Él me dijo: pará un poco. Porque estaba llorando muy acongojada, no me abrazó. Lo suyo fue darme una especie de saludo en donde nuestras mejillas se chocaron por un segundo. Para mí, fue muy doloroso. Tenía el corazón en la mano y la cara llena de lágrimas con la mirada masculina reprochando semejante gento.

Nos llevamos 15 meses. Durante nuestra infancia jugabamos a todo juntos. Cuando mi hermano llegó a la pubertad, se alejó y esa distancia no se acortó con los años. 

Responsabilidad de la cultura patrical, de su signo solar, de la masculinidad... sí, de todo eso.

Y acá estoy yo, sentada, volcando palabras en esta página en blanco. Buscando estrategias para darle espacio al poder de mi corazón. De adolescente creé una armadura que con los años tuve que romper porque me estaba ahogando. Hoy intento dejar que mi corazón se exprese y encontrar las formas para que sea más fácil. 
El poder del corazón es muy grande, necesita una gran escucha, bondad y compasión.

Buena suerte amigues! Me encomiendo a la Santa Madre y a la Pacha Mama que siempre está ahí para abrazarnos!






jueves, 25 de abril de 2019

La casa de mi madre

Pareciera que algo de lo que fui se quedó en los cubrecamas de mi infancia.
Hoy con mis 32 años siguen dando vueltas por las habitaciones esos cubrecamas infantiles.
Los que abrigaron mis sueños, a mis muñecos, mi soledad y mi cariño.
Ese manto protector que me protegió del afuera, del mundo hóstil, de los gritos.
Ese halo con el que me arropé cada noche.

Ese amor que me fue dado a través del tejido floreado y de las casitas redondeadas dibujadas en la tela suave del algodón.

La adultez materna los quiere cambiar por el gris polar masculino.

Y yo me niego, se me estruja el pecho de nostalgia, me caen las lágrimas.

Negocio y digo está bien, me puedo quedar con un sólo cobertor, el floreado. Porque es lo que mi madre quiere, es lo correcto, lo que se debe hacer. Porque acaparar está mal, por más que sea el pedacito de infancia que se aleja, se escapa para acurrucar a otra niña. 

En el corazón sigue estando la niña que se acuesta y mira el techo de madera de la habitación, aburrida esperando que llegue el sueño. 

Me inundan la compasión, la benevolencia y el perdón. Antídotos indiscutidos del reclamo y el resentimiento.

La alquimia de estas palabras, alivió un poco la presión en mi pecho y el cierre de la garanta. Al verlas escritas percibo el peso del dramatismo quizás infundando para un adulto pero no, para la niña que sigue viviendo en la casa de sus padres. 

Me duele sentir. Me da la sensación de que mi consideración continua hacia la sesibilidad ajena, no es reflejada del otro lado. Que tengo que darme el lugar para decir que todavía guardo nostalgia por la niña que fui. 
¿Será que ese cubrecama representa parte de lo que soy hoy? 

Me doy el espacio a escondidas en el baño para llorar y en esta hoja en blanco para entederme, crear mi propio ritual sanador. 

El cielo está gris, el viento otoñal inunda la habitación. Mueve las hojas con su energía imparable, para desprender lo que ya no sirve, lo impostergable. Que así sea. 


 

martes, 9 de abril de 2019

La búsqueda es parte del camino...

¿Qué es la vida?
¿La vida tiene que ser algo?
¿Somos algo en la vida?

Se encuentran el verbo ser y hacer, o ¿ser y estar? 
Mi maestra me recomendó ser... 
Porque el hacer, el producir, pareciera obligado por esta sociedad de consumo. 

Una pregunta constante en mi vida es qué quiero en mi vida diaria,
que puedo elegir vivenciar.

Es cierto que una parte nuestra preferiría que no nos pase nada.
Pero si no nos pasara nada, tampoco podríamos vivenciar lo bello que la vida tiene para regalarnos.

En una clase de meditación, la maestra nos decía que el meditar 
nos sirve para estar armadas, fuertes, firmes y flexibles para
enfrentar lo que la vida nos trae. Confiar en la vida, si la vida confía en mí como yo no voy a confiar en ella...

Es interesante, si la vida nos trae esta situación es porque confía que podemos atravesarla, quizás porque la necesitamos.
¿Necesitamos el dolor para vivir? Situaciones dolorosas nos han hecho aprender y hemos evolucionado gracias a ellas.

Situaciones de alegría también nos han hecho aprender y conocer el bienestar y la gratitud. 

¿Y entonces? ¿cuál es la conclusión? 
No creo que haya una única respuesta. Sin embargo, considero que continuamente necesito regular qué quiero hacer de forma diaria, qué necesito que no estoy haciendo, que aspecto de mi ser necesita más espacio para crecer y florecer, necesito más contacto con la naturaleza, más tiempo de ocio...

La búsqueda es parte del camino...