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miércoles, 21 de octubre de 2015

Resignificar

        Muchas veces cuando llego por la noche a mi casa después de estar fuera todo el día, voy a  la cocina y al baño como para constatar que no haya nadie más. Ayer cuando miré detrás de la puerta del baño, me acordé de cuando jugaba a las escondidas con mi abuela. Por un instante me ví en esa habitación, encontrándo a mi abuela detrás de la puerta. Recordé la luz que entraba a través de las cortinas de la habitación, mi campo de visión más por debajo del actual. Me dieron ganas de ir a visitar la casa de mi abuela, para tratar de encontrarla ahí. 
        Me causó gracia que mi mente recordara esa imagen, que borrara la paranoía del miedo actual que significa mirar detrás de la puerta y la suplantara por el juego de las escondidas. Diariamente pienso en mi abuela como mi ángel de la guarda o mi hada y cuando tengo miedo le rezo a ella, confío en su protección.



miércoles, 1 de julio de 2015

Abuela




No te dí un abrazo
no te dije cuánto te quería
cuanto me gustó el tiempo que vivimos juntas 
(para mi fue sólo un mes)
creo que el resto de la familia dice que fue más.

Que calentaras la leche en el jarrito
para hacerme el nesquik.
(¿Y vos? ¿qué merendabas vos?)
No hablábamos mucho
pero estábamos juntas,
haciéndonos compañía.

Creo que mirábamos la tele
ni me acuerdo qué programa nos gustaba.
Sólo sé que estábamos en la misma habitación,
como si nuestras almas se conectaran en otro plano,
mientras nuestros cuerpos se mantenían en pausa, sin dolor.
Sólo ahí, porque igual estábamos juntas.

Sólo fui a verte una vez al hospital,
no pude ni quise volver.
Fueron días grises y borrosos.
Después te fuiste
y me quedó la muerte asociada a los hospitales.

Me quedan los recuerdos y tus ojos verdes o celestes.
Los pequeños jazmines que te llevabas a la nariz,
el jarrito que volvía a lavar sin que me vieras,
el juego de "los locos Adams" y que siempre me ganabas.
Los mimos y tu presencia silenciosa.

Ingrid Bergman